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por Diana Mulinari El objetivo de estas páginas es compartir algunas reflexiones sobre la exposición de Juan Carlos Peirone. No es un objetivo fácil para una socióloga feminista que no es crítica de arte. Existe el riesgo de que mis reflexiones invadan ?en términos de producir violencia por torpeza e ignorancia? otro campo creativo, con sus propias reglas, sueños y debates, su propia historia de derrotas y su propio sentido de la trascendencia. A pesar de lo riesgoso de la empresa creo que es válida la jornada. Porque estas lineas no están escritas en el espíritu de colonizar desde la sociología la experiencia artística, sino en el espíritu de construir puentes y encontrar los subtextos que nos unen en el proceso de creación, con profundo respeto por aquellos que nos separan. Están escritas para y hacia los que reconocen como necesaria la tensión entre los márgenes y las fronteras existentes entre los diferentes territorios de creación, pero que así y todo no niegan la necesidad de un esfuerzo colectivo por desarmarlas y reconstruirlas desde nuestros viejos territorios. También pueden leerse como un reconocimiento hacia mis colegas ?amigos; artistas y escritores que me llena de orgullo, alegría y envidia al mismo tiempo. La reflexión y discusión sobre la política detrás de las políticas de identidades ha sido incluido en la agenda a través del arte y no de las ciencias sociales. En este sentido aunque mis reflexiones son claramente sociológicas, también son una invitación a un diálogo que se expande mucho más allá del campo de la sociología o el del arte. Tal vez más que compartir mis reflexiones con otros, el objetivo de estas páginas sea utilizar la exposición como eje constructor/inspirador de un debate que en mi opinión es emergente y decisivo. Hay ciertos aspectos en la obra de Juan Carlos Peirone que iluminan y contribuyen a debates fundamentales dentro de las ciencias sociales. Estos debates y producción de conocimientos que de ellos deriva no son el producto de una sola línea teórica. Son el esfuerzo conjunto de diferentes lineas contestatarias de pensamiento cuyas formas de investigación y nuevas metodologías tienen como objetivo la producción de discursos no legitimatorios de las formas de poder existentes (de clase, etnia, género, etc). Pecando de simplificación podría decirse que estos debates son cinco: uno de tipo epistemológico: cómo se accede al conocimiento y quién produce conocimiento, dos de tipo filosófico?metodológico: la objetivación del sujeto en la praxis científica y la invisibilidad del proceso de creación e investigación y la visibilidad del producto terminado como base de la objetividad científica. Por último dos de tipo filosófico político: el rol de las ciencias sociales como mediador/constructor/ y legitimador del des?encuentro entre "Occidente" y el "El Resto" y el rol como intelectuales "de la periferia" en el "Centro" en este contexto de creación (1). La legitimación de la ciencia como actividad neutral, y sobre todo al científico como creador de conocimientos, está basada ?argumentan no sólo las feministas pero también ellas? en la apropiación del conocimiento de "Otros". Está basada en formas de pensamiento, lenguaje y metodologías que construyen al "Otro" como nuestro objeto de estudio, como nuestro "problema". La investigación se convierte en un proceso por la cual la "investigada" es descorporizada y su condición de sujeto creador y reflexivo, negada. Este desmantelamiento del sujeto ?enraizando en el discurso racionalista dentro de las ciencia sociales refuerza y refleja estructuras de poder ya existentes. La voz racionalista y neutral de la ciencia tiene su contrapartida en la marginalización de otros. Es una voz, que se legitima a sí misma como LA VOZ, que tiene sexo, clase, hemisferio. Nuevas voces han emprendido una búsqueda desde "los márgenes" hacia formas de investigación como el co?diálogo en el trabajo de campo, los círculos colectivos de investigación y la co?autoría de textos. Otras han sostenido la urgente necesidad de hacer visible el proceso de investigación/creación desmistificando el conocimiento como producto de un sujeto racional, cuyo conocimiento se dibuja en línea recta con un principio y un final. Se subraya la necesidad de diferentes finales alternativos, del reconocimiento de la emocionalidad del sujeto investigador como su clase, su sexo, su posición dentro del Centro o/y la Periferia en el producto final de su investigación. Éste es el primer aspecto en la obra de Juan Carlos Peirone de interés para nosotras. Jonás ha logrado preservar/ proteger/ resaltar su sujeto. Alonso como creador está presente en toda y cada una de las fotografías de la exposición. "El hombre de la Patagonia ? Lejos de dónde?". Más aún Jonás hace visible especialmente a través de Samtal (Conversación) ?donde está físicamente ejemplificada la importancia de Alonso?sujeto en el proceso creativo? la idea de la creación como intercambio. Y va más allá ?y en su busqueda aporta a ciertos aspectos de nuestras búsquedas? Juan Carlos no se engaña a sí mismo ni nos engaña. El objetivo de su exposición no es presentar a Alonso, lo que en sociología llamaríamos presentar "Ias voces de los otros". El reconoce desde el principio que no existe mediación objetiva y neutral. Más aún, subraya que la actividad de mediar es ajena y lejana a su objetivo creador. Nos ofrece en cambio un mapa de encuentros y elaboración de dichos encuentros. Es su propio viaje, su propia confrontación con otro sujeto lo que Juan Carlos nos muestra en la exposición. Él construye una textualidad que nos invita a mirar al Hombre de la Patagonia que mira su obra. La empatía es necesaria pero insuficiente para explicar las razones por lo cual Jonás logra esta imagen de conexión entre iguales tan desiguales, este respeto por un sujeto en su acto creador. Para serle fiel, en nuestro propio proceso creador debemos haber entablado un diálogo de iguales, haber encontrado algo de nuestro yo, de nuestro nosotros en él, haber resaltado y almacenado lo similar en lo diferente. Hay mucho de Jonás artista?, de Jonás/artista/persona, de su concepción del arte y de sus ideas sobre las "formas de hacer no arte" en el hombre de la Patagonia. Ahí está la fuente de su logro. El paisaje que Juan Carlos crea no tiene un Camino, sino muchos senderos y atajos en donde perderse?encontrarse. La dicotomía entre obra artística /vida cotidiana se diluye y en la instalación del horno se expande y se entrelaza con la vida cotidiana. Tal vez lo más importante sea el hecho de que Juan Carlos a través de contextualizar a Alonso des?contextualiza un discurso hegemónico. El Hombre de la Patagonia y sus sueños no sólo no es una apropiación de la periferia para consumo del centro, ni tampoco un discurso sobre esta apropiación. Tampoco es una representación ?con todo lo estereoripada de cualquier presentación? hacia el Centro producida por un artista de la periferia. A través de toda la exposición Jonás juega sutilmente con los espacios y rota la posición del sujeto. En el discurso de Jonás no es el Hombre de la Patagonia que se parece o es diferente al Occidente. Es el Occidente que se parece o es diferente al Hombre de la Patagonia. Jonás como artista de los "Márgenes" en el "Centro" no se convierte en traductor para el centro, ni en defensor de la periferia. Muchos otros podrían haber "descubierto" al Hombre de la Patagonia. Lo fascinante de la exposición es que Juan Carlos Peirone se niega a "descubrirlo", pero acepta el desafío de crear desde los sueños y los demonios de un creador presente otra nueva creación. En la elección del sujeto creador Jonás socava los más arraigados estereotipos sobre la construcción del "otro". Aquellos construidos sobre la dicotomía Cultura occidental? Naturaleza? Tercer Mundo? que nos sitúa en un margen en que por un lado se reconocen las condiciones de opresión existentes en nuestros países y por otro lado se "comprende" que en nuestras condiciones materiales el arte, la literatura y el sueño son para después. Se insinua que en nuestras condiciones materiales la lucha por la supervivencia destruye toda búsqueda existencial, toda trascendencia. Alonso, es, en ese sentido un antídoto. Y lo es también contra aquellos que celebran la diferencia siempre y cuando se encuentre claramente delimitada y empaquetada. Porque ¿como conceptualizar a Alonso? ¿como un "artista latinoamericano"? Paradójicamente, en este mundo de dicotomías, Alonso deviene uno más con identidades "desprolijas", Es un europeo descendiente de inmigrantes europeos, haciendo suya la Patagonia, la periferia de la periferia. Es blanco y en el hacer suya la Patagonia evoca la otra Patagonia, la indígena sepultada y presente. Sin embargo y a pesar de todo Alonso es indiscutiblemente de ella, su humor y su locura tienen el sello del Quijote tierno del Nuevo Mundo. En fin, que Alonso tiene una identidad desprolija, una identidad mezclada, una identidad que le permite andar con sus pájaros volados y lo convierte en subversivo de lo establecido y de lo legitimado. Alonso irrespetuoso, con identidad fragmentarizada y en ebullición. Cada uno de nuestros actos creativos dentro de una cultura etnocéntrica se enfrenta diariamente con formas de toquenismo, de artista?representante, de intelectual?interpretador cuyo objetivo es fundamentalmente delimitar espacios y sobre todo jerarquizarlos. El nuevo discurso de hegemonía -el posmodernismo- incluye la diferencia, la identidad de manera inofensiva dentro de un catálogo. Está dispuesto a incluir -me corrijo? necesita incluir para legitimarse a un artista, a un intelectual; si éste acepta su representante, de token. Si éste mercantiliza la diferencia, si construye en lo exótico, si acepta su condición de representante, pero sobre todas las cosas si se subordina y reconoce al poder del Centro.como único con derecho a crear la palabra. Al centro y su derecho indiscutido a nombrar: lo que es arte, lo que es literatura, lo que es ciencia, lo que es universal, lo que es humano. Me gusta Alonso porque nombra. Y me gusta la exposición de Juan Carlos porque recrea de un modo vivencial a los que nombran sin permiso y a los que saben los conjuros que nos permiten transformar el contenido de lo que ya lleva nombre. Notas (1) Soy ambivalente en el uso de las comillas. Creo ?y ahora más que nunca en el contexto del discurso sobre la Aldea?Global? en la existencia de relaciones sociales de opresión y subordinación que construyen nuestra Latinoamérica: lo que hace siglos llamábamos imperialismo. Centro y Periferia pueden usarse sin comillas si es una metáfora que simboliza estas condiciones. Desconfío por otro lado de quienes igualan la metáfora a la complejidad de los fenómenos sociales. Pero la ferocidad de los centros en las periferias y la exclusión de las periferias en los centros invitan al uso de las comillas. Heterogénesis Número 4 - 05/93 Diana Mulinari es socióloga, docente en la Institución de Sociología de la Universidad de Lund, Suecia. |